Hace pocos días la Dirección de nuestra compañía nos comunicaba, y tranquilizaba, sobre la situación de nuestros compañeros de Carat Chile, tras el desastre sísmico ocurrido recientemente.

Si bien, y para esta ocasión, este número de nuestro boletín iOnTIME estaba dedicado en exclusiva a comunicar sobre el lanzamiento de Clownfish, unidad de negocio especializada en la consultoría y comunicación de la sostenibilidad, hemos querido aprovechar esta ocasión para solidarizarnos con nuestros compañeros de Chile,  junto con el resto de empresas hermanas de Iberoamérica y hacernos eco, en palabras y experiencia vivida en primera persona por Lydia Vazquez-Noguerol, compañera nuestra de Carat Chile, para comunicar y hacer extensivo a todos vosotros una experiencia que, desde luego, nadie quisiera para sí.

Queremos agradecer muy especialmente a Lydia Vazquez-Noguerol el esfuerzo que no dudamos ha tenido que realizar para sacar tiempo de su familia y trabajo y, lo que es más, tener que reconstruir un momento de su vida que, sin duda, prefiriera olvidar por completo.

Santiago de Chile, marzo de 2010

Aunque soy española llevo varios años en Chile, y me siento ya también parte de este maravilloso país, donde trabajo para la firma Carat.

Oficina OMD Chile
Oficina OMD Chile

Qué difícil es escribir y contar qué se siente y cómo ocurrió el terremoto que hemos vivido, por muchas razones. Difícil porque la tierra no ha parado de temblar todavía, después de 3 semanas en que ocurrió el primer seísmo, y es complicado concentrarse en esta situación en donde notas que tu cuerpo, la silla en la que estás, el suelo…, todo empieza a moverse e, instantáneamente, miras al techo, a las lámparas que nos indica si el movimiento que hay es fuerte o sólo una réplica pequeña, si tenemos que levantarnos e ir a las zonas de seguridad o si podemos quedarnos simplemente de pie en la zona en que estamos; difícil porque uno tiene que recordar los momentos que pasamos de miedo o, aun más que eso, el  terror e incertidumbre de no saber qué ocurría, qué pasaba, por qué todo se movía, había ruido y la gente gritaba.-

Era la noche de un viernes, último fin de semana de vacaciones para la mayoría de los chilenos (febrero aquí es como agosto en España). Ya de madrugada, de repente, te despiertas porque tu cama se mueve, cada vez más y con sacudidas más fuertes. Te levantas como puedes, a oscuras, no hay luz y oyes a los niños  gritar.-

Abrimos la puerta de entrada a la vivienda y nos pusimos todos bajo del marco (dicen que es la zona más segura, por las vigas transversales de sujeción), si saber qué estaba ocurriendo, a oscuras, sintiendo el terror de no poder sujetarnos de pie, el suelo se agitaba muy fuerte, había un ruido ensordecedor, como un choque sordo pero que no termina de chocar, ruidos de cristales, ruidos de golpes de cosas que se partían y se caían, gritos de vecinos y desde la calle, y nosotros abrazados en esta oscuridad con la sensación de estar dentro de una coctelera que alguien sacudía con rabia.

De repente se empezó a hacer más suave el ajetreo y, poco a poco, fue parando. Mi familia estaba bien, estábamos vivos. En pijama, descalzos, y muertos de miedo, alcancé a decirles a mis hijos -coged las zapatillas y un jersey, ¡rápido! y vámonos-. Bajamos con lo puesto a la calle.-

Acabábamos de vivir un gran terremoto, de 8,8 grados en la escala de Richter, según decían por la radio que escuchábamos en los móviles, con su epicentro en Concepción y de una duración de ¡2,42 minutos!  También pudimos escuchar que el aeropuerto estaba cortado, que se habían caído varios puentes, que “la costanera” (autopista similar a lo que es en Madrid la M40) estaba afectada y cortada pero ahí no quedaba la cosa, quedaban aún los tsunamis, hubo 5 ó 6, en muy pocas horas y en zonas distintas, y provocaron la muerte de muchas personas que sobrevivieron al propio terremoto.

En comparación es como si desaparecieran todas las ciudades y pueblos costeros bañados por el mar Mediterráneo, desde Barcelona hasta Cádiz. Bueno, pues esa es la realidad de la costa de este país hoy en día.

A las 6,30 am empezó otro temblor, algo menor, de 6,9 grados. En total, durante los dos primeros días, tuvimos más de 200 réplicas, la mayoría de ellas entre 5,4 y 6,9 grados de escala Richter, lo que venía a ser un temblor cada 15 minutos.

Sobre las 2:00 pm llegó la luz a nuestra zona, y ahí entramos en el piso por primera vez y vimos el desastre, todo roto, todo por el suelo, paredes y techos agrietados, todo  mojado… pero lo más importante fue que estábamos vivos, y todos juntos. Encendimos la tv y empezamos a ver las primeras imágenes de la catástrofe, y nos dimos cuenta de que nuestra zona era privilegiada, de que no teníamos nada en proporción al resto de la ciudad. Y del país.

Este país quedó en el suelo, por los suelos.

La devastación es grandísima, no sólo en la zona de la costa sino también en el interior pues, si bien hacia el interior no llegó el mar, sí se cayeron todas las casas. Más de 1,5 millones de  familias sin hogar,  iglesias, colegios, edificios enteros destruidos e inhabitables, y esto aun no ha terminado. Todavía se siguen descubriendo más y más pueblos, gente sin ayuda, durmiendo a la intemperie.

No son miles, son millones de chilenos que no tienen nada a día de hoy.

Hace falta comida, medicamentos, casas, tiendas de campaña, mantas, agua, ropa seca, productos básicos para la higiene.

No hay nada. Chile necesita ayuda, y mucha ayuda.

No sé cómo se puede superar esto, pero se debe superar. Y así la gente de este país está reaccionando como nunca uno hubiera podido imaginar. La solidaridad y la ayuda que todos están (estamos) dando por las personas que lo necesitan. No importan las clases sociales, ni lo que tengas, todos ayudamos, donamos dinero, nuestro hijos salen a la calle a recolectar cosas, los más grandes se están yendo a los pueblos a ayudar, a recoger escombros, a limpiar, a construir viviendas, a llevarles ayudas, y a darles cariño a la gente que hoy en día continua durmiendo en el suelo, a la intemperie, en este país en donde ya se acerca el invierno y ya empiezan a caer las gotas de lluvia.

Yo quería también aprovechar para dar las gracias a la familia de Carat, que estuvo y está tan cerca y presente.

Estuvo porque el primer mensaje de texto que recibí fue de Juan Pedro McCormack, Director regional de Carat Sur, preguntándonos si estábamos bien, y yo le respondí vía sms y pude sentir que tenía cerca a alguien con quien compartir mi preocupación y temor. Igual me pasó con César Lupercio, de México, con quien vía la BB pude chatear por Messenger y sentir su apoyo, lo que realmente me sirvió y dio ánimos para superar las réplicas del sábado 27, en donde el susto, la incertidumbre y el miedo era enorme. A los dos días pude leer la preocupación de todas las personas de Carat, de los distintos países, a través de sus muchos mensajes de apoyo y su cariño y, créeme, sentí que realmente Carat es una familia.

Familia de personas como Juan Pedro McCormack y Miguel Angel Reca de Argentina, Héctor Bula de Colombia, Eduardo Roncoroni de Ecuador, Adolfo Dammert de Perú, César Lupercio, Ana Tronco y Sergio Kessician de México, Gonzalo y Alvaro Suárez de Uruguay, Jose Nogués de Santo Domingo, Jorge González de Venezuela, Alexa Carballo de Puerto Rico…, todos ellos y tantos otros, nos hicieron sentir que no estábamos solos y que ellos, como nuestra familia que son, se preocupaban y nos mandaban sus abrazos, su fuerza y su amor. Igualmente a través de sus aportaciones económicas con que paliar, en las posibilidades de cada uno, las innumerables necesidades aun vigentes.

En nombre de todo Chile, y de Carat Chile, quiero extender nuestro agradecimiento por la preocupación y apoyo y, en mi caso, no sólo las gracias sino un fuerte abrazo por hacernos sentir que no estábamos sólos, por hacernos sentir y vivir que si perteneces a Carat, perteneces a una familia, estés donde estés. Y doy buena fe de ello.

Un abrazo fuerte desde Chile,

Lydia Vazquez-Noguerol
 

Aegis Media España se suma al apoyo de nuestros hermanos de Iberoamérica y se convierte igualmente en voz de solidaridad, haciéndonos eco de sus necesidades, a la vez que partícipes, en formas y acciones, con el esfuerzo que cada miembro de esta gran familia a tenido a bien aportar.

 

NOTA INFORMATIVA

A petición de algunos amigos sobre cómo poder ayudar, acompañamos a este artículo los datos de transferencia bancaria para aquéllas personas/equipos que gusten de hacer alguna aportación económica, directamente a Cáritas Chile, que están haciendo una labor impresionante desde el primer momento, según nos informan nuestros compañeros de Carat Chile.

INSTRUCCIONES PARA RECEPCION DE REMESAS DESDE EL EXTERIOR VIA SWIFT – MT 103

BANCO PAGADOR (Campo 57)

Institución Financiera: Banco de Chile
Sucursal:  CASA MATRIZ
Dirección:  Ahumada N°  251, Santiago de Chile
Código SWIFT: BCHICLRM
ACC: 000505

BANCO INTERMEDIARIO(Campo 56)
 
CITIBANK NA.
New York Branch – USA
Código Swift: BCHIUS33
ABA: 026005652
 
ANTECEDENTES DEL BENEFICIARIO: (Campo 59)
 
Nombre del beneficiario: CARITAS CHILE
Dirección : Echaurren Nº 4 Santiago- Chile
 Fono: (56-2) 9230400
 Fax:: (56-2) 6966080
N° de Cuenta Corriente del beneficiario: 5-000-00117-06

DETALLE O CONCEPTO DEL PAGO (Campo 72)
Referencia del pago: Campaña Emergencia en Chile